Las sensaciones percibidas durante todo el fin de semana en
torno al equipo, al coche y al propio piloto, han sido lo más relevante y
positivo de este GP celebrado en Shanghai amén del resultado. Comenzaron el viernes
donde en una de las sesiones de los
entrenamientos libres Fernando Alonso se
colocó primero, continuaron el sábado donde clasificó tercero en la “grille” y
culminaron con una extraordinaria carrera que ya desde la salida comenzó transmitiendo
solidez tanto en las formas y manera de resolver la carrera, como en el
rendimiento de su bólido rojo durante todas las vueltas que duró la prueba.
Alonso se mostró incontestable a bordo de su F138 desde la salida hasta el
banderazo a cuadros; supero a Raikkonen en la arrancada y tardó lo justo en
superar a Hamilton pues en lugar de forzar sus neumáticos tratando de
adelantarle en las primeras vueltas, espero a que los de su rival fueran
cayendo y aprovecho el mejor momento para colocarse en cabeza de carrera
adelantando al inglés en una maniobra impecable. Llegaron los cambios en la vuelta
cinco para los que salieron con blandos y las posiciones virtuales cambiaron
por completo el panorama. Fue a partir de ahí cuando disfrutamos de la
verdadera esencia de la carrera. Firme y seguro en los adelantamientos que se
iban produciendo uno tras otro (a Vettel le supero en dos ocasiones), Alonso
terminaba siempre por colocarse líder al término de cada stint y dejaba ver en
cada una de sus maniobras a lo largo de toda la prueba, que el Ferrari rendía de maravilla. Tan
insaciables parecían máquina y piloto que desde el box le llegaron a decir que
no hacía falta que “empujara” más, a lo que el asturiano les respondió, “…pero
si no estoy empujando”.
En la retina de todos, estaba la imagen del alerón delantero
bajo el morro de su coche en el gran premio anterior, pero el campeonato es
largo y sin duda nos hará disfrutar de muchas carreras parecidas a las de hoy.
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